¿A usted le gusta recibir cartas? Bueno, eso casi no se usa ya. Ahora recibimos correos electrónicos y mensajes de texto en nuestros teléfonos. Pero a mí me gusta aún recibir cartas. Sobretodo cartas y postales lindas, donde la gente hable cosas hermosas de la vida.

 

Les cuento que esta semana me llegó una carta no muy bonita. Es escueta. Con remitente, pero sin firma. Viene de alguien que no conozco y por lo que dice, tampoco él me conoce. Sin ton ni son… y de zopetón me hace un llamado a votar conscientemente en las próximas elecciones. Me advierte, so pena de juicio, que no debo votar por ninguna mujer, solo por un hombre porque así lo dice la Biblia y menciona el verso de I Timoteo 2.12.

 

Cartas así solo me generan preguntas como:

  • ¿Por qué tanta gente llamada cristiana usa la Biblia preferentemente para atacar, discriminar y juzgar?
  • ¿A estas alturas de la civilización humana en qué mente cabe enviar y pagar sellos (supongo que no fui el único que la recibió) que convocan a discriminar a la mujer?
  • ¿Cuántos de los que la recibieron dijeron hoy “Amén”?

 

Tengo más preguntas aún, mientras tanto en la Primera de Deltona leemos cartas de amor, no de discriminación, como esa que dice: “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús”.